Las defensas en Puerto Rico constaban de los castillos del Morro, San Cristóbal y San Jerónimo, dos ciudadelas, veinte bastiones, cuatro líneas de defensa y otras exteriores avanzadas. El fortín El Cañuelo, en Isla de Cabras, no estaba provisto de artillería. De la guarnición normal se había enviado cinco batallones a Cuba.
Para bien del orden público, se suspendió las garantías constitucionales; se prohibió el envío de telegramas particulares y la circulación de los procedentes de los Estados Unidos. Temiendo la falta de víveres, a causa del esperado bloqueo, se prohibió la exportación de ganado. Y se aplazó la apertura de las Cámaras Insulares, que habían de reunirse por primera vez, bajo el nuevo régimen autonómico. Tanto el gobernador Macías como el Consejo de Scretarios dirigieron alocuciones al País, apelando al valor y a la lealtad de los puertorriqueños. Dijo el Consejo: “El pueblo de Puerto Rico demostró siempre que ama la paz, pero demostró siempre que sabe mantenerse en la guerra digno de su raza y de su historia.” En nuestros castillos no flameó nunca otra bandera, que la bandera bicolor de nuestros padres. no somos culpables de la lucha, ni la provocó nuestra tierra, ni la dieron a origen nuestros actos”.

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