La mayor parte de los disparos de cañones de Sampson, cayeron por encima de la ciudad y en la bahía. A las tres horas se suspendió el bombardeo. Los muertos y heridos, entre militares y paisanos, llegaron a un centenar. Por lo inesperado del ataque, hecho a deshonra, y sin previo aviso para que se retiraran de la plaz ancianos, mujeres y ninños. De los barrios altos de la ciudad, hombres, mujeres y niños abandonaron sus lechos y se retiraron  hacia Santurce y los campos. En general, los habitantes como los militares mostraron un espirítu valeroso y tranquilo.
Hacia fines del mes de julio, algunos americanos se aproximaron al puerto de Fajardo, desembarcaron infantería de marina; ocuparon el faro en las Cabezas de San Juan, después volvieron a embarcarse. Fue este episodio un amago para hacer creer que el ejército invasor iba a desembarcar en aquel punto de la costa, obligando a los españoles a retener fuerzas en estos sitios, mientras que la expedición invasora se dirigía a la costa sur. El general Miles, en efecto había escogido a Fajardo como punto de desembarco, pero como todos los telegramas relativos a la proyectada invasión, se habían enviados por cables extranjeros, creyó que las autoridades españolas; ya estarían enteradas del punto de desembarco.

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