La guerra hispano-americana de 1898 termina definitivamente con todos nuestros lazos del Pacífico. Un nuevo dueño llamado USA se perfila en los albores del XX

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US 1st Kentucky Volunteers en «Porto [sic] Rico», 1898

fortaleza estadunidense

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Buque estados unidos. Destruido en la batalla de Santiago el 3 de julio de 1898.

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caballeria Estados Unidos

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Afroamericanos de la Décima división de Caballería enviados por Estados Unidos a Cuba

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En síntesis el plan de campaña de Miles para ocupar toda la Isla fue el siguiente: Las tropas al mando del general Wilson habían de avanzar desde Ponce por la Carretera Central hacia San Juan. En Cayey se había de unir a ellas el cuerpo del general Brooke, que empezó a desembarcar sus tropas en Arroyo, el 31 de julio. Luego, las fuerzas unidas habían de seguir  hacia San Juan.
La campaña de Puerto Rico duró unas dos semanas; se libraron seis combate en los cuales los americanos sufrieron cuarenta y cuatro bajas, cuatro muertos y cuarenta heridos. El día doce el Gobierno de los Estados Unidos aceptó las proposiciones de paz que fueron presentadas por el ministro francés en nombre del Gobierno español. Como condición de la suspensión de hostilidades España accedió a la cesión de Puerto Rico a los Estados Unidos.

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Destruída la escuadra de Cervera y tomada la ciudad de Santiago de Cuba, el general Miles se dirigió desde Guantánamo hacia Puerto Rico. Llegó al puerto de Guánica en las primeras horas del 25 de julio de 1898. Las tropas americanas desembarcaron sin dificultad ni oposición. Después de una corta escaramuza las pocas tropas españolas se retiraron y los invasores izaron la bandera de los Estado Unidos. El 28 de julio Miles lanzó una proclama al País desde su cuartel general en Ponce. Dijo: «Como consecuencia de la guerra que trae empeñada contra España el pueblo de los Estado Unidos por la causa de la libertad, de la justicia y de la humanidad, sus fuerzas militares han venido a ocupar la isla de Puerto Rico. Os traen ella el apoyo armado de una nación de pueblo libre, cuyo gran poderío descansa en su justicia y humanidad para todos aquellos que viven bajo su protección y amparo». » No hemos venido a hacer la guerra contra el pueblo de un país que ha estado durante algunos siglos oprimido, sino por el contrario, a traeros protección, no solamente a vosotros sino también a vuestras propiedades, promoviendo vuestra prosperidad y derramando sobre vosotros las garantías y bendiciones de las instituciones liberales de nuestro Gobierno».

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La mayor parte de los disparos de cañones de Sampson, cayeron por encima de la ciudad y en la bahía. A las tres horas se suspendió el bombardeo. Los muertos y heridos, entre militares y paisanos, llegaron a un centenar. Por lo inesperado del ataque, hecho a deshonra, y sin previo aviso para que se retiraran de la plaz ancianos, mujeres y ninños. De los barrios altos de la ciudad, hombres, mujeres y niños abandonaron sus lechos y se retiraron  hacia Santurce y los campos. En general, los habitantes como los militares mostraron un espirítu valeroso y tranquilo.
Hacia fines del mes de julio, algunos americanos se aproximaron al puerto de Fajardo, desembarcaron infantería de marina; ocuparon el faro en las Cabezas de San Juan, después volvieron a embarcarse. Fue este episodio un amago para hacer creer que el ejército invasor iba a desembarcar en aquel punto de la costa, obligando a los españoles a retener fuerzas en estos sitios, mientras que la expedición invasora se dirigía a la costa sur. El general Miles, en efecto había escogido a Fajardo como punto de desembarco, pero como todos los telegramas relativos a la proyectada invasión, se habían enviados por cables extranjeros, creyó que las autoridades españolas; ya estarían enteradas del punto de desembarco.

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Las defensas en Puerto Rico constaban de los castillos del Morro, San Cristóbal y San Jerónimo, dos ciudadelas, veinte bastiones, cuatro líneas de defensa y otras exteriores avanzadas. El fortín El Cañuelo, en Isla de Cabras, no estaba provisto de artillería. De la guarnición normal se había enviado cinco batallones a Cuba.
Para bien del orden público, se suspendió las garantías constitucionales; se prohibió el envío de telegramas particulares y la circulación de los procedentes de los Estados Unidos. Temiendo la falta de víveres, a causa del esperado bloqueo, se prohibió la exportación de ganado. Y se aplazó la apertura de las Cámaras Insulares, que habían de reunirse por primera vez, bajo el nuevo régimen autonómico. Tanto el gobernador Macías como el Consejo de Scretarios dirigieron alocuciones al País, apelando al valor y a la lealtad de los puertorriqueños. Dijo el Consejo: «El pueblo de Puerto Rico demostró siempre que ama la paz, pero demostró siempre que sabe mantenerse en la guerra digno de su raza y de su historia.» En nuestros castillos no flameó nunca otra bandera, que la bandera bicolor de nuestros padres. no somos culpables de la lucha, ni la provocó nuestra tierra, ni la dieron a origen nuestros actos».

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Desde hacía mucho tiempo el pueblo cubano sufría las consecuencias de un mal gobierno, y varias veces se había sublevado contra la dominación española. Los abusos de los malos gobernantes continuaban, y en 1895 estalló una nueva revolucióm. España mandó un ejército grande para subyugar a los cubanos, utilizando la crueldad para lograr sus propósitos. Miles de cubanos sospechosos fueron reconcentrados en los pueblos; y vigilados muy rigurosamente, murieron al granel de hambre y enfermedades.
A causa de la proximidad de Cuba a los Estados Unidos , los sufrimientos de los cubanos y las prácticas inhumanas impuestas para conseguir la pacificación de la isla, excitaron la compasión e indignación del pueblo americano. Muchos americanos poseían propiedades en Cuba, familias americanas estaban emparentadas con familias cubanas y Estados Unidos tenía comercio floreciente con la isla. Con motivo de la guerra las propiedades fueron destruídas y el comercio arruinado.

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